Hay lugares que generan en nuestra vida una mística especial por lo que significan y por lo que nos dan en cada momento que lo pisamos. Gualeguay es uno de ellos.
El amor despues del amor
El amor es un concepto universal relativo a la afinidad entre seres, definido de diversas formas según las diferentes ideologías y puntos de vista (científico, filosófico, religioso, artístico). Habitualmente, y fundamentalmente en Occidente, se interpreta como un sentimiento relacionado con el afecto y el apego, y resultante y productor de una serie de emociones, experiencias y actitudes.
En esta definición tan fría y didáctica que nos ofrece la real academia española se esconde una realidad que nos depara la vida y que termina sorprendiéndonos, de manera irrefutable, en nuestra condición humana.
Así uno crece y se forma amando a sus seres queridos, pero también amando las cosas que lo ligan a la vida y que le hacen sentir que estar vivo es un placer, un estilo, una forma de existir y no un deben, una obligación, un instinto de supervivencia.
La pesca no escapa a ello, es mas, es parte en si misma de esta necesidad de perpetuarnos como especie, pero no a cualquier precio, sino disfrutando nuestro paso, etéreo y sutil, en esta vida.
Toda esta introducción filosófica parte mas que nada para homenajear al amor, fuente inspirativa, que genera una ecuación casi perfecta entre amistad, naturaleza, vivencia, disfrute y pasión.
Esta ecuación magnánima, la encontramos en nuestra última salida a ese paraíso encontrado, que es Gualeguay y que sin miedo a equivocarme, ya forma parte de mi corazón y de los amigos que nos convocamos habitualmente a enamorarnos de la hermosa vida que nos toca disfrutar.
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